Darío Canton | Escritor
Sabado 15 de Diciembre de 2018
 
Publicaciones en literatura
Entrevistas
Comentarios sobre la obra
Manuscritos
Publicaciones en Sociología
Presentaciones de libros
Lectura de poesía
Otros
Escritos de Héctor J. Canton
 
 
Comentarios sobre la obra
 
Poética
Por Álvaro Miranda
Revista de Cultura, año III, nº6, enero-abril 1986, Montevideo.
 

Muestra de poesía argentina actual:
Presentación y selección de textos: Álvaro Miranda

1

Conocí literariamente a Darío Canton a través de Hispamérica, la revista que edita en USA Saúl Sosnowski. El Nº.16, año 1977, -compartiendo páginas con una entrevista de Ruffinelli al narrador mexicano Salvador Elizondo (que merece un capítulo aparte) y una Muestra de poesía uruguaya de la generación de los años sesenta introducida por Hugo Verani- en una sección titulada "Taller", apareció Darío Canton. Los dos poemas que ilustraban el "taller de la palabra" eran precedidos por una "sintética poética" donde Canton pasaba revista a un "Credo poético y correcciones a hacer en función de él" declarado de uso particular desde 1961. Un asterisco al pie de página daba cuenta que Canton era argentino, nacido en 1928. Y se agregaban sus libros publicados: La saga del peronismo (1964); Corrupción de la naranja (1968); Poamorio (1969); La mesa (1972); Poemas familiares (1975) y Abecedario Médico Canton (1977). Bibliografía incompleta e inexacta porque en carta que recibí de su puño y letra en mayo de 1980 se declara autor de –además de los nombrados- : El parlamento argentino en épocas de cambio: 1890, 1916 y 1946 (Ed. Inst. T. Di Tella, 1966); Gardel ¿a quién le cantás? (Ed. De la Flor, 1972) y Elecciones y partidos políticos en la Argentina (Siglo XXI, 1973). Por otra parte, según consta en pie de imprenta, las fechas de publicación de Poemas familiares y Abecedario Médico Canton son de noviembre de 1974 y 1977, respectivamente. Y anticipando o compartiendo una práctica que sería frecuente no sólo en la Argentina sino también en otros países, Canton publicó durante 4 años unas hojas de poesía ("Tentempié de poesía" como las subtituló) nominadas Asemal que referían dos cosas: el título de uno de sus libros pero al revés (La mesa) y "un antídoto –según sus propias palabras- contra tantas personas e instituciones empeñadas en "hacer bien" ". Fueron 20 números que reunieron creación y teoría, textos definitivos con pre-textos y versiones que evolucionaban una y otra vez mediante su trabajo de taller. Unas 114 páginas, 12 de "suplementos" y unos 240 textos distribuidos en secciones tituladas (ej.: Amoresca, Animadversiones, El cuento del poema, Poamorio, Poeta restante, PrObLEMAs, Puntos y comas de vista, Taller, etc.) que denunciaban desde el principio la inflexión de humor e ingenio a que se ajustaban sus creaciones. No todo era sonrisa, sin embargo.

En el texto publicado en Hispamérica, Canton se declara "convencido de que la poesía puede hablar sobre cualquier aspecto de la realidad: no hay "temas" poéticos y otros que no lo sean". Más allá de cierta inclusión de Darío Canton en la línea poética que conjuga los nombres de José Emilio Pacheco, Antonio Cisneros, Roque Dalton, Gabriel Zaid, algún Gelman y otros pares, la expresión en sí resume una postura que define su quehacer poético: una poesía volcada hacia la realidad, inmersa en lo real, compartiendo la idea de que "todos los temas son poéticos si se observan poéticamente" como ejercitara gran parte de la mejor poesía de nuestro siglo. En consonancia, el lenguaje buscará la coloquialidad y la sencillez expresiva directa propia de muchos poetas de los años sesenta. Pero detengámonos a considerar la "poética" trazada por Darío Canton: su "Credo poético" puede sintetizarse en la manifestación de los siguientes elementos:

1. Los poemas deben decir algo.
2. Cuanto más digan (sugieran, relacionen) con menos palabras, mejor.
3. Se debe vigilar también la adjetivación. Reemplazar adjetivos blandos por fuertes. "Blandos" son los usados, manidos.
4. Eliminar lo innecesario.
5. Vigilar también los sustantivos.
6. Contar las veces que aparecen las mismas palabras en un poema.
7. Revisar los "que".
8. Ver el Tiempo de los verbos: nunca el Futuro.
9. ¡ojo con las comparaciones!
10. Leer los poemas al revés.
11. Hecha la revisación "positiva" debería hacerse una negativa o destructiva. Se trata de intentar destruir, cambiar o ridiculizar lo escrito como modo de ver la solidez del poema y cómo resiste los embates de la crítica de mala leche. Se puede también alterar el orden de las estrofas para ver qué queda y cómo del original. Se pueden suprimir versos para ganar en concisión, vaguedad, claridad, etc. Se podría traducir el poema a otro idioma para ver si la cosa está clara.
12. Convienen tomar conciencia de cómo dar mejor la cualidad del secreto, irrealidad, misterio, ensoñación, sea a través de la construcción (o sea la estructura) misma del poema.
13. Es un recurso válido la vaguedad en la descripción de personajes o situaciones.
14. Copiar los poemas largos en 2 columnas para verlos más fácil y darse cuenta de errores, repeticiones, etc. Incluso para ver si se pueden leer las 2 columnas horizontalmente.
15. Al armar los libros, desplegar todos los poemas sobre el piso para abarcarlos con una mirada total.

Canton resume su "Credo" con una "definición" de poesía: la forma más económica de decir cosas significativas.

Quien se detenga –como me ocurrió al leer Haciendo números o algunos poemas similares- a considerar los textos de Darío Canton descubrirá, repuesto de la primera sorpresa con que adviene el texto, una inflexión modulada de tono escéptico que se canaliza a través del humor chirriante, el absurdo, o, más frecuentemente, la ironía –esa gran presente de la poesía de los sesenta- que se desborda en el sarcasmo. Una atenta lectura descubrirá al filósofo que es Canton en la mirada lúcidamente crítica con que ve al mundo. Una mirada no exenta de la amarga ternura en la sonrisa triste pero conscientemente inevitable. Darío Canton es un hombre lúcido que hace poesía lúcida, en consecuencia, realista y la vierte en moldes resignadamente críticos: el humor agridulce, el tono satírico, la paradoja, la mordacidad y el sarcasmo del que sabe y también sabe que casi no hay nada que hacer al respecto (diría "qué vachaché" como dijo Cortázar que dijo Gardel), la ironía subversiva y despiadada, el efecto de choque que rige varios textos. Canton es un poeta con una cosmovisión precisa, demarcada, teñida de luciferina lucidez. Como profesor de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, como Master en Sociología de la Universidad de Berkeley, como sociólogo casado y con hijos en este mundo nuestro de cada día, ejerce una mirada vigilante, incisiva, polar. No descarta el juego porque sabe. Lo lúdico también es lo lúcido. No intelectualiza porque sabe: simplifica y esquematiza, dice mucho con pocas palabras y en todo caso, dice. En la economía de las cosas significativas.

El aporte crítico-creativo de Darío Canton crece en la medida que se consideran sus aportes en los suplementos de Asemal donde realiza "El cuento del poema". En primer lugar, desarrolla un minucioso trabajo de taller recorriendo las diversas versiones de un texto, desde la inicial a la final, con sus múltiples variantes, modificaciones, estableciendo a la vez el proceso mental que siguió la creación del texto hasta su versión definitiva. Al valor testimonial se le suma el interés que despierta el posible análisis del desenvolvimiento de la creación en proceso, el work in progress en marcha y radiografiado, fotografiado en sucesivas secuencias. Los elementos biográficos, psicológicos, sociales, van fijándose en las diversas instancias de la creación del texto, en forma consciente, como fases en la exploración post-textual. Esa lectura aplicada-explicada induce al lector, desde luego, y quizás cercena vías de acceso, pero ilustra y evita los hermetismos latentes, innecesarios. Lectura conductiva pero propicia a la reflexión crítica del lector.

Sigamos, a título de ejemplo, la sucesión de versiones de uno de los textos de Darío Canton, desde la inicial a la definitiva. Por razones de espacio nos vemos obligados a omitir todas las observaciones glosadas por el autor pero confiamos en la perceptibilidad del proceso:

COPLA COJA

(Primer planteamiento del autor: encontrar una manera breve, no ambigua, de decir las cosas, de modo que el lector no tuviera escapatoria ante lo "inquietante" de la propuesta. Igualmente, que no fuera tan clara ni terminante como para quedar como "afirmación de hecho")

Primera versión a máquina.
Título: Copla

El día que nací yo
Mi padre se vio en apuros:
Mi madre estaba de viaje.

Observación: "No era suficientemente clara. El propósito era decir que estábamos solamente mi padre y yo.

Copla se liga a cópula. Copla coja alude a la falta de un miembro (mi madre) y a la vez va como sinónimo de fornicar. Sirve mejor."

Segunda versión.
Título: Copla coja
(Alternativa 1) El día que nací yo
los dos solos en la casa
mi padre se vio en apuros
  (Alternativa 2) El día que nací yo
mi padre estuvo muy mal
en el momento del parto:
faltaba ella
  (Alternativa 3) El día que nací yo
rota ya la bolsa de aguas
mi padre, faltando ella
debió salirme de madre

 

(Alternativa 4)

El día que nací yo
rota ya la bolsa de aguas
mi padre, a punto de serlo
al ver que ella no llegaba
debió salirme de madre

Observación: "La alternativa 1 no me satisfizo. "Los dos solos en la casa" podía ser leído como "mi madre y yo".

La alternativa 2 era demasiado directa, "chata".

La alternativa 3 está mejor pero la 4 parece más adecuada. Suprimiendo la segunda línea e invirtiendo la tercera (por sugerencia de un amigo) la "extrañeza" crecía y se podía leer no sólo que "mi padre" me había "salido de madre" sino también que "yo" había sido "mi padre". La última línea volvía algo paradójica la expresión "salir de padrino, de testigo, de fiador" y además daba vuelta violenta a otra expresión común "salirse de madre" (el río) con lo que sobreimprimía otro significado que aumentaba la extrañeza."

Tercera versión.
Definitiva.

COPLA COJA

El día que nací yo
a punto de ser
mi padre
al ver que ella no llegaba
debió salirme de madre

2

"Lea despacio, mastique bien las palabras" aconsejaba Darío Canton desde sus hojas de poesía Asemal. Estas páginas plegables, acompañadas del suplemento "El cuento del poema. Suplemento natural de Asemal" facilitaban la circulación comunicante y asimilaron la experiencia a otras de su especie como por ejemplo las realizaciones xerografiadas del Jornal Dobrábil brasileño y otros trabajos de los poetas Independientes-marginales-alternativos de San Pablo y Río de Janeiro. En muchos casos brillaba la misma inventiva, similar desborde imaginativo, la utilización del humor, el absurdo y la ironía como elementos satíricos, recursos críticos en el análisis de la realidad circundante. Un trabajo en el mismo sentido se percibe en La castaña chilena, por ejemplo. En todo caso y salvando las particularidades, se trata de ejercicios poéticos desarrollados hacia una misma dirección que utilizan instrumentos afines. No es fácil encontrar ejemplos en Uruguay, acaso por el tradicional desdén hacia el ejercicio del humor en poesía, en la creencia extendida y limitante que la poesía debe ser "seria", sólo puede tratar motivos sublimes o poetizar la realidad desde un ángulo comprometido y/o dramático. Salvo Alfredo Mario Ferreiro en la década de los años veinte y algún otro escaso ejemplar, el ejercicio del humor en la poesía uruguaya es una perla casi inexistente. Cuando en los años sesenta y setenta se propaga la mirada desacralizadora del quehacer poético, Uruguay queda aun más rezagado. La antipoesía de Nicanor Parra, por ejemplo, abre huellas que fueron seguidas por poetas de casi todos los países latinoamericano, salvo el nuestro. Darío Canton pertenece , entonces, a esa raza de poetas que no hemos cultivado y que, tal vez, no suelen apreciarse demasiado porque el aura clásica y el estigma de nuestro "tradicional respeto por la tradición" inhiben la percepción de una fenomenología poética ajena a nuestro usual modo de concebir.

3

La obra estrictamente poética de Darío Canton acaso se reduce a dos libros[*]: Corrupción de la naranja (Ediciones del Mediodía, 1968. Buenos Aires-Argentina) y Poemas familiares (Ediciones de Crisis, 1975. Buenos Aires-Argentina). En rigor, los otros dos libros que he podido consultar: La mesa (Siglo XXI Editores, Col.Mínima, 1972. Buenos Aires-Argentina) y Abecedario Médico Canton. Vademedicumnemotecnicusabreviatus. (Archivo Gráfico Editorial , 1977. Buenos Aires-Argentina) no pueden clasificarse, en forma estricta, como libros de poesía. Sí, en cambio, como libros de humor -acaso por momentos, lírico- y fundamentalmente, como ejercicios de sátira y parodia.

La mesa lleva como sub-título "Tratado poeti-lógico" y es una extensa disquisición que se inicia con la definición de la palabra "mesa", pasa por la etimología, los usos, tipos, estilos, anatomía, patología, hagiografía, representación artística, psicología, filosofía, mística, etc. en un conjunto de 2.604 versos. A través de ellos, Darío Canton desgrana una ácida crítica de costumbres sociales, de debilidades humanas, reflexiones filosóficas, con impecable ironía, como un observador privilegiado de una realidad donde lo absurdo, lo irracional, afloran casi naturalmente en la disección de su mirada. En los textos de Darío Canton el humor es el medio para la revelación de la dramaticidad de la existencia. No es un humor evasivo, por el contrario, invade y subvierte la intimidad honda del ser humano, hace ver lo que se conoce o se presiente pero no se quiere ver, revela y concientiza, sacude, conmueve o, por lo menos, incomoda, pero no es un acto asertivo, estático, conformista. Su mirada no es gratuita ni pasiva. La visión demoledora se inicia con el conocimiento de la potencia transformacional del humor como método sistemático de revelación, corrosión y cambio. No es una poética ingenua pero tampoco la ancilariza, no la pone "al servicio de" otra cosa que no sea un "ajuste óptico de la realidad", un enfoque en profundidad hacia las cosas, un darle vuelta al forro de los objetos , quedar mirando los remiendos o los agujeros o las pelusas. En Darío Canton se percibe un hombre, un poeta angustiado y escéptico que reconoce en el "estado de humor" la vía válida de vida, el foco lúcido frente a la esencia dramática de la existencia. Como tal ya es poeta, más allá de cánones y clasificaciones (banales cuestiones de estaturas: ¿gran poeta?, ¿poeta menor?). No es un poeta del silencio. No falsifica la realidad. Es un (re)velador: revela y vela, cela, vigila, asiste a la vigilia de los hombres y de sus instrumentos pavorosos, como la mesa, como la lengua castellana que atiende y pule, sin el pomposo fervor del academicismo mas con la guiñada socarrona y cómplice de un Cortázar, por ejemplo. En Canton hay un autor preocupado por el cabal uso del idioma. En Abecedario Médico Canton después del extenso sub-título el autor aclara que se trata de un "Repertorio poeti-lógico ilustrado de amasijos y recocciones verbales para el manejo, conservación, ejercicio y limpieza de la lengua, conteniendo 800 entradas sin contar una pequeña narración apropiadamente policial, una doble remisión tautológica, 38 viñetas y 1 Apéndice, todo precedido por original Dedicatoria y sobria Advertencia, así como rematado por Colofón digno de imitar". El humor comienza por sí mismo, desde luego, y se proyecta a la desmitificación social. La erudición se aliviana en el ejercicio lúdico y adquiere una dimensión cálidamente humana. Como que el juego y la sonrisa hacen parte de la vida.

4

Hay también una dimensión metafísica detrás de la aparente liviandad de algunos textos. A veces el escepticismo cansino y resignado, al estilo de la humorada de Philip Marlowe, linda en la angustia sorda, descarnada, existencial. El tema de la identidad se presenta en muchos textos a través del recurso del desdoblamiento. En la poesía de Darío Canton, en fin, hay diversas formas de lucidez: la descripción de la naranja que se corrompe día tras día sugiere otras cercanas corrupciones inevitables; la visión desesperada de la vida se enmascara o se desnuda, según los textos, con la dura conciencia de la palabra ajustada y cortante; la ambigüedad transita el lenguaje en una multiplicidad vectorizada que se resuelve en la polisemia y el hábil uso de la sugerencia. Los grandes motivos líricos tradicionales (vida, amor, muerte) son vistos desde una óptica no tradicional, a contrapelo o en perspectiva, con enfoques que disuelven formalmente los convencionalismos. Lo lúdico se aprecia también en el juego formal al que somete sus creaciones como por ejemplo en el ejercicio de un ars combinatoria que recicla el lenguaje. Por momentos, hay una reversión de lo cotidiano que intenta mostrar el absurdo por el revés de las cosas. En su poesía se advierte la atención, digna de Poe, puesta en la selección de los versos finales, que siempre procuran la sorpresa y la sugerencia, esa sensación de "extrañamiento" de la que habla en uno de sus textos. Son elementos todos de una poética que singulariza la presencia de Darío Canton en el concierto de la actual poesía argentina. Y son varios los poetas argentinos de los últimos años que requieren una análisis exhaustivo de sus obras. Mucho habría que recorrer en el mapa de la poesía argentina actual. Comenzamos con este marginal Darío Canton que publica en los años 70 y como tantos otros aguarda el esquivo (re)conocimiento al que su escritura aspira.

 
 
Notas
* Podría incluirse también Poamorio, algunos de cuyos poemas aparecen en Asemal, pero sobre el cual no puedo abrir juicio al no haberlo tenido a la vista.
 
Contacto
Kilak.com | Diseño & Web   Darío Canton 2005 -